Mes: enero 2016

Las joyas de la realeza ya no interesan tanto como antaño en las subastas

Las joyas de la realeza ya no interesan tanto como antaño en las subastas
La Reina María José de Italia y el rubí que le perteneció

Los inversores consideran que sus precios son demasiado elevados para el valor real que tienen estas piezas,. Un broche de la baronesa Thyssen o un rubí de la Reina María José de Italia no obtuvieron los resultados esperados

En los últimos meses las ventas de diamantes y otras piedras preciosas no cesan de pulverizar récords mundiales en las subastas internacionales. Sin embargo, inversores y coleccionistas se muestran desinteresados de las piezas de joyería con pedigrí real por considerar que están tasadas a un precio demasiado elevado, que tiene en cuenta, sobre todo, su noble procedencia respecto a su valor real.

En mayo pasado, la baronesa Carmen Thyssenno consiguió que Christie’s vendiera, en Ginebra, un magnífico broche de diamantes, regalo del Rey Alfonso XII a su prometida, la Archiduquesa de Austria María Cristina, al precio de un millón y medio de euros. Este mismo escenario vuelve a repetirse en las ventas de otoño de Sotheby’s, con un anillo de rubí que perteneció a la Reina María José de Italia.

Durante la puja, el espectacular rubí birmano de 8’48 quilates de forma ovalada rodeado de diamantes, no consiguió pasar la barrera de dos millones de euros, lejos de su valoración calculada entre cinco y ocho millones de euros. Un murmullo de sorpresa invadió la sala cuando David Bennett, presidente mundial del departamento de alta joyería de Sotheby’s, dio por terminada la puja por falta de interés.

Fuente: ABC

 


IFEMA ultima los preparativos de Madridjoya - Febrero 2016

IFEMA ultima los preparativos de Madridjoya - Febrero 2016Entre los días 3 al 7 de febrero, el evento de referencia en nuestro país del sector joyero, celebra una nueva edición en el pabellón 6 de Feria de Madrid .

Talleres especializados, conferencias y charlas técnicas, conforman el programa de actividades que, de forma paralela a la exposición comercial, ofrecerá el Speaker Corner de Madridjoya .

El concurso #MadridJoyaDesigners, ofrece a jóvenes diseñadores y empresas, a través de las redes sociales de la feria, la oportunidad de participar en un stand MINI http://madridjoyadesigners.com.

Cerca de 150 empresas de 10 países tomarán parte en Madridjoya, Salón Internacional de Joyería y Relojería Urbanas y de Tendencia, que celebrará una nueva edición entre los días 3 al 7 del próximo mes de febrero. De esta manera, el Salón, que organiza IFEMA dos veces al año –febrero y septiembre- en los Pabellones de Feria de Madrid, ofrece al profesional un escenario de referencia donde conocer las últimas novedades y propuestas del sector.

Todo ello en el marco de la gran plataforma global de moda, tendencias y bienes de consumo que configura la celebración simultánea de Madridjoya junto a Intergift, Salón Internacional del Regalo y Decoración; Bisutex, Salón Internacional de la Bisutería y Complementos, y Momad Metrópolis, que en su conjunto congregarán a cerca de 3.000 empresas y marcas, y más de 39.000 visitantes profesionales.

En lo que se refiere a la participación en Madridjoya, la edición de febrero contará con la presencia de conocidas empresas, nacionales e internacionales, especializadas en joyería del segmento medio-alto y gran consumo como 18K-Le Carre; Bustinza Joyas; Coral Orafa Mediterránea; Cordobesa de Relojes y Joyas; Emmedidue; Generoso Gioielli 1970; Marfil Tallada; Niro; Novecentonovantanove; Sucesores Simón Franco; Sodo Migliori; Scala Gioielli; Talleres Victoria, y Venere Gioielli, entre otras, así como firmas referentes de la oferta en joyería en plata, como AS&As; Glamour 925; Gofrey; Lineargent; Máximo Betro; Marques&Gomes; Miguel Angel Díaz Navarrete; Petrai; Salvatore Plata; Vidal & Vidal, o Victoria Cruz, y en relojería de moda, como las novedades de las distintas marcas que presenta el Grupo Ayserco; las colecciones de relojes en madera de WEWOOD, o las marcas alemanas de relojería JUNKERS y ZEPPELIN, y la inglesa RAPPORT, que distribuye ANBOLUXA. En lo que respecta al sector de Industrias Afines, la feria dará a conocer las soluciones y servicios de empresas como Amelia Gonzalez; Capala Built; Compack; Conde Vera, y Novobox.

En cuanto a la participación internacional, que representa este año aproximadamente un 35%, Madridjoya reunirá a empresas de Alemania, Bulgaria, China, India, Italia, México, Países Bajos, Portugal y Turquía.

Además, el programa de actividades paralelas, otro de los grandes atractivos del salón que se desarrollará en Speaker Corner de Madridjoya, albergará la celebración de distintos talleres, conferencias y charlas, demostraciones y sesiones didácticas que, con un formato ágil y de gran dinamismo ofrecerán al profesional un espacio donde compartir conocimientos, experiencias e información de interés práctico y formativo, orientada a mejorar su negocio.

Jóvenes empresas y diseñadores en el espacio de stands MINIS
Las propuestas de jóvenes diseñadores, pequeños talleres y empresas emergentes con interés en posicionarse en el mercado, también tienen su espacio en Madridjoya, que cuenta con una zona de stands MINIS, que a modo de vivero, ofrece a los más emprendedores una oportunidad de promoción y contacto con los principales agentes del sector. Entre otras propuestas, los MINIS de Madridjoya, mostrarán las nuevas propuestas de Fili Plaza y de la empresa portuguesa, Lucía García.

Fuente: IFEMA


Por qué ningún reloj, por sofisticado que sea, dará nunca la hora exacta

Por qué ningún reloj, por sofisticado que sea, dará nunca la hora exactaLa física y la relojería sirven en bandeja la excusa perfecta para los que siempre llegan tarde: «No he sido yo, es él»

Los suizos son esas personas que convirtieron el tiempo en un arte. Y no nos referimos a las predicciones meteorológicas que ocupan tanto o más tiempo (nunca mejor dicho) en los telediarios como el fútbol. Hablamos de proezas de microingeniería llamadas relojes que, desde hace décadas, muchísimas, esos maestros encerrados en valles y montañas rodeados de nieve se han dedicado a fabricar con mimo y dedicación envidiables, casi enfermiza. Su objetivo ha sido, y sigue siendo, crear relojes precisos, perfectos, exactos, bellos. Y, sobre todo, imprescindibles, necesarios. Al fin y al cabo ellos rigen la vida. Esos cachivaches nos despiertan, nos dejan caer a qué hora hay que ir al trabajo, cuándo hay que parar para comer, la siesta, la cita con el médico, con el novio/a, cuándo empieza la sesión de cine… «¿cuándo dices que echan el capítulo tres de la octava temporada?». Es el ritmo, el motor que mueve el mundo, que estimula a las personas. Pero, y aquí surge la gran duda, ¿son exactos? Por muchas complicaciones que tenga (ecuación del tiempo, tourbillones varios, carruseles, cronógrafo, calendario perpetuo) o innovaciones tecnológicas (titanio, espirales y volantes de silicio, magnesio, etcétera) la respuesta es: no. Nunca darán la hora exacta.

No nos preocupemos por la exactitud de nuestros relojes –ya sean de cuarzo o mecánicos– porque rara vez nos dirán el preciso instante que vivimos»

¿Por qué? Paciencia, no se apuren, lean esto antes de tirar sus relojes a la basura, porque como afirma Ernest Valls, director técnico de la revista MDT (Máquinas del Tiempo), “no nos preocupemos por la exactitud de nuestros relojes –ya sean de cuarzo o mecánicos– porque rara vez nos dirán el preciso instante que vivimos, por lo que mejor disfrutemos de llevarlos y de las historias que atesoran por los momentos compartidos”. Dicho esto, habría que puntualizar dos aspectos que convierten los relojes en maravillosas armas imperfectas: uno se mueve en al ámbito de la física; el otro en el astronómico. El investigador del Instituto de Física Teórica IFT UAM-CSIC de Madrid, José Luis Fernández Barbón, es experto en lo primero, en la física: “En todo reloj hay dos aspectos teóricamente importantes: precisión (intervalo de tiempo entre tictacs consecutivos, que podemos llamar ‘pulsación’) y fidelidad (resistencia a errores, es decir, el reloj no pierde ni gana ningún tictac durante mucho tiempo). En las entrañas del reloj siempre hay algún componente interno que oscila de forma regular. La precisión es mayor cuanto mayor sea la frecuencia de este oscilador, mientras que la fidelidad está relacionada con la estabilidad del oscilador. Un reloj infinitamente fiel tendría dentro un móvil perpetuo. Lo más parecido a un móvil perpetuo en la naturaleza son los electrones dentro de los átomos, porque las leyes de la física nos dicen que todos los átomos son idénticos, y sus propiedades no cambian con el tiempo si no se les perturba desde fuera. Así que conseguir fidelidad implica basar el reloj en átomos, y aislarlos en lo posible.

«Esto explica que los relojes más fieles sean los atómicos, que teóricamente podrían correr por mil millones de años sin perder un segundo”, añade el físico. Alguien que persiga la exactitud plena en su reloj de pulsera debería plantearse hacerse con un atómico, pero esto sería algo costoso y, sobre todo, muy difícil de llevar en la muñeca por razones de (gran) tamaño. Aun así, si usted se hace con un guardatiempos atómico portátil, tampoco las tiene todas consigo. Habla José Luis Fernández Barbón: “En cuanto a la precisión máxima de un reloj atómico, está limitada por la velocidad a la que ocurren las cosas en el interior de un átomo. Así que la pulsación nunca puede ser menor que el tiempo que tarda la luz en cruzar un átomo (esto es la millonésima parte del grosor de un cabello humano) ¡a una velocidad de 300.000 kilómetros por segundo! Eso es un tictac bien pequeño… Pero si queremos algo aun más preciso, hay que usar un oscilador más rápido, como por ejemplo los procesos nucleares. El problema es el principio de incertidumbre de Heisenberg, según el cual manejar tiempos más pequeños cuesta una energía cada vez mayor. Y cuanto mayor la energía, más cuesta controlar la fidelidad. ¡Operar con un reloj nuclear es complicado por razones obvias!”. Como él mismo confiesa, “la ‘hora exacta’ no existe en un sentido estricto. Pero un reloj de pulsera está muy lejos de darla”. ¿Les ha dejado chafados la explicación aportada por la física? Pues echen un vistazo a las argumentaciones más relojeras y astronómicas, por así decirlo, las que tienen que ver con el tiempo solar verdadero (o aparente) y el tiempo establecido o tiempo solar medio (en el que nos movemos, el que marcan los relojes, el que rige nuestra vida diaria).

Y sí, son diferentes… De nuevo, lo sentimos. La duración de un día se basa en el intervalo de tiempo existente entre dos momentos consecutivos en los que el sol ocupa la misma posición en el cielo. A esto se llama mediodía y coincide con la posición más elevada del sol. Si la tierra solo se dedicara a ejercer el movimiento de rotación alrededor de sí misma, todo sería más fácil. Como detalla Jordi Colomé, miembro de la web Watch Test (una de las mejores de relojería en español), el sol tardaría exactamente 24 horas en aparecer en el punto más alto de nuestro firmamento. «Pero la traslación está ahí, al acecho, y es la culpable de que no podamos responder tan alegremente. ¿Por qué? Pues porque tenemos la mala suerte de que la órbita que la Tierra sigue alrededor del Sol no es circular, sino elíptica, haciendo que el intervalo de tiempo que sucede entre esas dos posiciones idénticas consecutivas no sea siempre el mismo ni que tenga un valor exacto de 24 horas, sino que sufre una desviación que depende de una de esas complicadas fórmulas que nada tienen que ver con una relación sencilla y lineal».

«Un reloj parado es exacto dos veces al día. Y uno en marcha solo lo será cuatro veces al año»

A grandes males, grandes remedios. Como resulta obvio que andar con días que no tienen exactamente la misma duración complica el asunto (aún teniéndola hay quien nunca llega cuando debe), para estandarizarlo se acordó que mejor no basar los horarios de los aviones y autobuses, la programación de la tele y todas esas cosas importantes de la vida, en el ‘tiempo solar verdadero (o aparente)’; y fue ahí donde apareció el ‘tiempo solar medio’, un señor mucho más estable que sí respetaba esas 24 horas por día, ni un segundo más ni uno menos. Ernest Valls es rotundo: “No son pocas las ocasiones que los ‘raritos’ de los relojes mecánicos nos hemos de defender frente al resto de mortales cuando estos nos dicen que su reloj de cuarzo –y más barato– es más exacto que nuestro bello guardatiempo –y más caro– de pausados latidos. La verdad… Nos da igual. Además, casi se puede decir que conocer con exactitud el instante en que estamos es mera ficción. Un reloj parado es exacto dos veces al día. Y uno en marcha solo lo será cuatro momentos al año: el 15 de abril, el 14 de junio, el 1 de septiembre y el 25 de diciembre, cuando coincide, aproximadamente, con los equinoccios y los solsticios. Lo primero es una broma. Esto último se debe a la ecuación del tiempo”.

¿Y qué es eso? Una complicación propia de la alta relojería (piezas caras, sublimes) que indica la diferencia entre el tiempo solar verdadero o aparente y el tiempo solar medio: “Para ello, en algún sitio de la esfera del reloj –cuenta Jordi Colomé– disponemos de una pequeña aguja que se va desplazando por una escala cuyos límites responden el primero al 3 de noviembre, cuando el tiempo solar medio va 16 minutos y 33 segundos por detrás del tiempo solar verdadero; y el segundo, a mediados de febrero, en el que la desviación tiene lugar con el signo contrario y es el tiempo verdadero el que va unos 14 minutos por detrás del tiempo solar medio. Para ser sincero y a pesar de la personal y gran admiración que como aficionado a la alta relojería siento por la ecuación del tiempo, tampoco con ella podríais responder con exactitud la incógnita, puesto que se trata de una indicación que informa de la desviación que un día determinado de nuestro calendario presenta respecto de la hora solar verdadera, pero no informa de la desviación instantánea”. No se pongan tristes, al menos tienen el consuelo de las cuatro veces al año. Porque, al fin y al cabo, ¿quién quiere un reloj para ver la hora? Y si lo que buscan es precisión enfermiza, sigan el consejo de Jordi Colomé: “Consigamos un reloj de sol, aunque no acaba de convencerme la idea de andar siempre con uno a cuestas”.

Fuente: elpais.com


Creatividad sin extravagancia para reinventar las joyas

Creatividad sin extravagancia para reinventar las joyasEl barcelonés Marc Monzó es considerado el mejor orfebre europeo

Françoise van den Bosch fue una joyera holandesa que en los 33 años que duró su vida supo darle la vuelta a la orfebrería de su país. De ascendencia noble e hija de una familia adinerada, se interesó por los materiales tradicionalmente alejados de la alta joyería. Por eso, cuando repentinamente murió en 1977, sus amigos decidieron crear una fundación que defendiera la investigación y el descubrimiento en la orfebrería. Además de organizar exposiciones y conceder becas, esa fundación otorga un galardón bienal desde 1980. En su última edición, el premio ha recaído por primera vez en un joyero español, Marc Monzó (Barcelona, 1973).
Hace años que los joyeros reivindican sus creaciones firmando piezas que valen por sí mismas más que por el valor de sus materiales. Esa toma de conciencia había encasillado la alta joyería con los metales nobles y los altos precios y asociaba la orfebrería de vanguardia con los materiales inesperados, la creatividad y los precios más accesibles. Por eso sorprende que cuando la imaginación y la descontextualización parecen haberles ganado la batalla a los metales y las piedras preciosas en la joyería, la Fundación François van der Bosch haya reconocido como mejor orfebre europeo a un español que trabaja, fundamentalmente, con oro y piedras preciosas. Un profesional con una trayectoria basada en la sutileza que, lejos de apostar por la extravagancia ha elegido la delicadeza para actualizar la joyería.

El artista minucioso

Formado en la Escuela Massana de Barcelona, Monzó es, en su ámbito, muy reconocido. Hace una década recibió el Premio JORGC, que concede el Colegio Oficial de Joyeros, Orfebres, Relojeros y Gemólogos de Cataluña, y hoy es director creativo de la nueva joyería Misui de la capital catalana. Como artista lleva casi 20 años realizando exposiciones individuales en galerías de Japón, Reino Unido, Holanda, Alemania, Portugal y España. Y sus joyas han sido adquiridas para las colecciones permanentes del Stedelijk Museum de Hertogenbosch, el Museo de Artes Decorativas de Barcelona, la National Gallery de Australia o el CODA de Apeldoorn, en Holanda.

El premio Françoise van den Bosch concede 5.000 euros al joyero ganador y 2.000 euros más para adquirir alguna de sus piezas para la colección de la fundación. Además, organiza sendas muestras —una en Holanda y la otra, en este caso, en Barcelona— de la obra del artista premiado.

Monzó es un creador minucioso. Él justifica su gusto por la pequeña escala y por la sobriedad por “una inclinación personal que le lleva a relacionar lo valioso con lo pequeño”. Eso le conduce a juzgar la precisión en la ejecución como una condición indispensable para el trabajo bien hecho. Seguramente por eso, las suyas son joyas que no se exhiben. Alejándose de la ostentación es como reinventan la joyería. Lejos de imponerse, deslumbran más por su finura que por sus brillos.

Fuente: elpais.com