El brillo de las joyas iluminó el Museo del Traje

El Museo del Traje abrió al público su colección de joyas con «Vestir las joyas: Modas y modelos», una muestra que narró hasta el 30 de marzo de 2014 distintas etapas de la historia a través de pendientes, collares, pulseras, botones, alfileres, broches y un sinfín de valiosas joyas.

«Una joya indica muchas cosas más allá de su valor económico», explica a Efe Estilo la comisaria de la muestra, María Antonia Herradón.

Esta apasionada de la historia de las joyería se encarga de la conservación de la colección de joyas del Museo del Traje, una de las más «singulares y ricas» de España, que comenzó a crearse antes de 1934 y que supera las 4.000 piezas.

Su intención ha sido abordar «la dicotomía entre joyería culta», o de alto valor económico, y «la tradicional, o asociada al traje popular, que hasta ahora ha permanecido en la oscuridad», explica.

Una joya, añade, puede tener muchas implicaciones, no solo es una «muestra de poderío» y de capacidad económica, sino también una manera de «significarse» y de decir «¡Aquí estoy yo!».

Entre otros capítulos históricos de los que «hablan» estas joyas se encuentran, por ejemplo, los botones hechos con reales que forman parte del chaleco de numerosos trajes regionales españoles.

Una curiosidad que cuenta a través del tiempo cómo la vestimenta masculina «se hizo más sobria» en el siglo XIXz, por lo que este tipo de adornos quedó relegado al excepcional traje regional, y también relata el paso del real de plata en pos de la joven peseta.

A partir del siglo XIX también es cuando las joyas de filigrana hecha en plata se pintan en dorado, una técnica que demuestra «la importancia de la apariencia» en una sociedad sumida en la vergüenza internacional tras perder todas sus colonias, argumenta Herradón señalando un abanico de filigrana dorada perteneciente a la Reina Vitoria Eugenia, hecho en China.

Las piezas de joyería también hablan del siglo de las luces, una época de grandes revoluciones, que se reflejó en el brillo fulgurante de piedras preciosas y otras técnicas: «Comienzan a llegar los diamantes de las Indias, y aparecen las primeras imitaciones como el ‘strass’, una novedosa técnica de talla de cristal, y también el acero pulido y los espejos cortados», detalla.

A este apartado pertenecen piezas como una peineta hecha con apliques de acero pulido, que solo se aprecian de cerca, y que es la pieza preferida de la seleccionada por la comisaria.

Ya entrado el siglo XIX, la eclosión de modas y técnicas del universo de la joyería reflejan el descubrimiento de los nuevos métodos industriales, que estandarizan la producción, incorporan materiales y popularizan los objetos de valor como son las joyas.

«El pendiente es de las joyas que más fantasía ha desarrollado», argumenta la conservadora ante un complemento que ha ido cambiando con la moda de los peinados y escotes.

El último apartado de la muestra está dedicado a la belleza de este tipo de artículos, y que quiere hacer reflexionar sobre «los parámetros que delimitan lo que llamamos belleza».

En esta vitrina se comparar collares similares y que responde a distintas épocas y estilos como un collar de vidrio visigodo con unos pendientes junto a un exquisito collar de Dior y un par de pendientes de Yves Sanit Laurent, o un moderno collar de oro del traje regional de Menorca en comparación con otro de metal de una artista contemporánea alemana.

Fuente: EFE