MALAQUITA, que los males quita

MALAQUITA, que los males quita…es mucho más que un juego de palabras definir así a la malaquita, ya que, como veremos, este fantástico mineral verde, posee una de las más extensas aplicaciones y utilizaciones sanadoras desde todos los tiempos, que, le han aportado un merecido reconocimiento de quitamales.

Su nombre deriva de la palabra griega malakos, que quiere decir “blando” y del término también griego malache que quiere decir “malva”…nadie sabe porque esta asociación, pues su color, como se aprecia a simple vista, no es malva sino de un verde variado, vivo y casi siempre intenso.

QUÉ ES, CÓMO CRECE y DE DÓNDE VIENE

La malaquita es químicamente un carbonato básico de cobre. Es un mineral muy blando (dureza 3 a 4 en la escala de Mohs). Este precioso mineral de color verde es catalogado de piedra semipreciosa.

La malaquita es considerada un mineral del cobre por hallarse en zonas donde este metal es abundante, tanto en rocas ígneas como sedimentarias.
Puede encontrarse en masas, costras y/o estalactitas de estructura fibrosa y de apariencia aterciopelada o fibrosa radiada, y también presentando una bellísima forma de capas concéntricas de tonalidades verdes variadas. Su forma cristalina es escasa y muy valorada.
La malaquita es un mineral blando que no admite fácilmente que se realicen grabados en su superficie. Sin embargo, dado su espectacular color verde bandeado, en joyería se talla para realizar cabujones destinados a preciosos anillos, colgantes y adornos especiales destinados como objetos de joyería tanto para hombres como para mujeres. En este tipo de adornos, combina muy bien con el oro. También se emplea mucho para talla ornamental; suele tallarse artísticamente en forma de capas para realizar objetos como cajitas, bandejas, encimeras para adornar muebles, etc.

Malaquita española.

En España abunda la malaquita en numerosos puntos geográficos: en la zona norte de la península, en Galicia, se encuentra en varios enclaves montañosos de Coruña, Lugo y Orense. También en Asturias, en Vascongadas (Guipúzcoa, Vizcaya), en Aragón (Huesca, Teruel), en Cataluña (Barcelona, Gerona, Lérida y Tarragona). En la Rioja, Extremadura, Andalucía, Levante (principalmente en Orihuela, Alicante) y en las islas Baleares (Menorca).
Los yacimientos más importantes de malaquita están en los montes Urales, también en África, Australia, Chile y Colombia.

Sus variantes.

En ocasiones, podemos encontrar piezas de malaquita que presentan coloraciones azuladas; en este caso se le denomina malaquita-azurita, crisocola, etc.

CRISTALOTERAPIA y USO PERSONAL

Tanto a nivel personal, como piedra de compañía, como en su empleo cristaloterapeutico a pacientes, las bondades energéticas de la malaquita son conocidas desde tiempos antiguos: su vibración resulta calmante, relajante, sedativa en estados emocionales de desasosiego y/o preocupación. Como colgante sobre la zona del corazón ayuda a mejorar el estado de ánimo así como el cansancio físico. Situada debajo de la almohada ayuda a conciliar el sueño, y, ya en la Edad Media se situaba de esta manera para ahuyentar las pesadillas.

También en los tiempos del Medioevo fue considerada piedra de inspiración creativa, muy valorada por artistas, sobre todo poetas, artesanos y pintores.

Vemos pues que en cualquier tiempo y lugar, desde tiempos remotos, ha sido empleada como amuleto atractor de buena suerte y protección.
Su vibración es además de calmante y relajante, absorbente, magnética, atrayendo hacia si las vibraciones que puedan resultar negativas a su portador. La malaquita ha sido y sigue siendo empleada en problemas de sistema digestivo, situándola sobre la piel como colgante o en terapia presencial formando parte del tratamiento cristaloterapeutico en casos de acidez, asma, dolor muscular, fracturas de huesos, etc.

Según la importancia de la dolencia, así será la elección del tamaño de la malaquita escogida para situar sobre dicha zona del cuerpo, ya que dada su capacidad de entrega en la absorción de la energía desarmonica, puede perder su brillo fácilmente.

Desde la antigüedad se ha venido utilizando la malaquita por sus propiedades curativas: absorbe la energía causante de dolor en aquellas partes del cuerpo donde se la coloque, sobre todo contusiones, dolores musculares, magulladuras, etc. También los egipcios utilizaban la malaquita como remedio para tratar las afecciones oculares. (Y reducida a polvo, era empleada como sobra de ojos por las mujeres egipcias).

Por su calidad cromática, verde, es un mineral que debe ser situado sobre la zona del corazón, sin embargo por su cualidad calmante y atractora a nivel energético, puede ser situada sobre la zona del plexo solar, garganta o en cualquier parte del cuerpo donde pueda haber un problema muscular, articular u óseo.
Como piedra personal empleada para relajarse, en estados meditativos, ayuda a fortalecer la esperanza, la confianza en las propias capacidades y en la expresión de pensamientos y sentimientos, ya que ayuda a restaurar y fortalecer la confianza en uno mismo. Para este propósito podemos situarla sobre el plexo cardiaco y/o sobre el plexo solar. Combina muy bien, a nivel energético, en imposiciones realizadas con cuarzo cristal de roca y con cuarzo citrino y con topacio y ámbar.

En etapas de estrés obra efectos maravillosos si se sitúa en periodos de 7 minutos, en sesiones de 3 veces al día, sobre la zona de la frente en estado de relajación, sobre todo si se padece de ansiedad.

Como piedra personal, la malaquita esta muy recomendada en etapas de cambios. La podemos utilizar en forma de colgante, anillo, como canto rodado de tamaño mediano situándola debajo de la almohada, tenerla cerca de nuestra mirada mientras trabajamos, sostenerla entre las manos cuando meditemos, etc. Desde los primeros momentos de interactuación con la vibración de la malaquita, sentiremos su energía tranquilizadora, sedativa.

El efecto de la malaquita se amplifica y potencia beneficiosamente si la combinamos con otros minerales del cobre con los que guarda una especial afinidad energética: la azurita y la crisocola.

HISTORIA, MAGIA, LEYENDAS y CURIOSIDADES

Para los celtas, romanos, griegos y curanderos de todos los tiempos y lugares donde ha sido conocida, fue y sigue siendo considerada una de las piedras que atraen la buena suerte y la prosperidad.

Antiguamente fue utilizada para extraer de ella un pigmento verdoso utilizado como colorante.
En el museo Hermitage de San Petesburgo (Rusia), se encuentra una sala denominada sala Malaquita, donde la malaquita fue empleada para decorar tanto columnas como la chimenea, lámparas, mesas y toda suerte de objetos con este mineral de un espectacular color verde, de malaquita procedente de los montes Urales, y al entrar en esta sala, el impacto es sublime, mágico, irreal por tanta belleza.

Tanto en relatos históricos y crónicas de épocas antiguas, encontramos alusiones, descripciones y referencias de la malaquita. Para los gobernantes asirios, fenicios, árabes, celtas, griegos y romanos, la malaquita era emblemática de inteligencia, estrategia y protección. Así pues, se hacían realizar adornos para sus indumentarias y joyas como anillos y brazaletes tanto para ejercer la política como para sus conquistas y batallas. También para los hombres de poder religiosos de estas épocas y culturas, la malaquita ocupaba una preferencia en sus pectorales y objetos de poder como varas y cetros. Eruditos, sabios, hombres cultos de la Edad Media, magos, alquimistas…todos ellos, de un modo u otro, describieron las propiedades de la malaquita como protectora, inspiradora, sanadora, de atracción de fortuna, fertilidad e inteligencia. Por otra parte, es sabido que las mujeres romanas solían anudar una malaquita alrededor de su vientre para tener un buen embarazo y venturoso parto.

Quizá esta misma finalidad, la de sentirse inspirado, fértil y productivo, era el motivo por el cual los pintores y escultores de aquella época y del Renacimiento, se sentían atraídos por la malaquita, considerándola además, de inspiración creativa.

CUIDADOS

La malaquita puede perder su brillo si la limpiamos con sal diluida en agua ya que es un mineral muy blando y delicado. Para su limpieza la sumergiremos en una infusión de salvia y la secaremos en toda su superficie. Para su recarga bastara con dejarla unas horas sobre una drusa de cristal de cuarzo.

Cuando sintamos que nuestra malaquita haya podido perder su brillo y su natural viveza, además de limpiarla, recargaremos su energía mediante la aplicación de una gotita de aceite que aplicaremos mediante suave masaje en su superficie.

Fuente: Nina Llinares. ISBN: 84-607-3051-4